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                                              Visitante Desde que llegó el primer cohete comprendí que el trabajo sería difícil y muy deprimente. Yo venía de una dinastía de guardias. Era como ser alguien ya predestinado a algo. Mi trabajo no era difícil, pues los prisioneros eran aislados en una zona especial y sólo debía supervisar su muerte. Así transcurrieron los años y mi vida se volvía más y más monótona, hasta que en un traslado llegó un niño. Esto llamó mucho mi atención, pues los visitantes siempre eran personas adultas sentenciadas a morir por sus crímenes cometidos, pero él era un niño. Inmediatamente me comuniqué con la tierra para pedir explicación, aunque sabía que si leían mi mensaje se demorarían al menos cinco años en responder. Así que me dediqué a observar lo que hacía aquel chico. Él se paseaba entre los prisioneros y nadie le molestaba, como si supieran...